14 Noviembre 2006
Desde el Pacífico mexicano...
Por Cecilia Navarro a bordo del Esperanza
A las 9 p.m. en punto de ayer, el Esperanza dejó San Diego. Apenas una hora después a lo lejos veíamos las luces de Tijuana. No había luna, pero la noche nos regaló una bóveda celeste totalmente estrellada, un par de estrellas fugaces y un mar tranquilo y acogedor.Apenas son las 7:40 de una mañana fría y ya la vida se manifiesta por todos lados: vimos los resoplidos de una ballena a lo lejos, en la punta del Esperanza va un halcón, guiándonos, y varias aves marinas revolotean alrededor.
La conexión a internet es una calamidad. No sé si lograremos que esta pequeña crónica suba a la página. Pero me arriesgo a creerlo y aprovecho para platicarles que la tripulación del Esperanza es diversa: aquí hay gente de Curazao, Filipinas, México, Nueva Zelanda, Suecia, Holanda, España, Inglaterra, Bélgica. El inglés es el idioma general, pero con frecuencia se escuchan grupos hablando en español, en holandés, además, por supuesto, de los más variados acentos para hablar en inglés.
El cielo se está despejando, así que el mar ha pasado de azul marino cerrado a un azul rey mucho más cercano a lo que estamos acostumbrados (en nuestro imaginario) quienes vivimos tierra adentro.
Este día recorreremos alrededor de 200 millas náuticas, es decir que por la noche estaremos a un costado de la Isla de Cedros. Aunque la línea de costa no se ve desde el barco, sabemos que a unos metros está la parte oeste de la península de Baja California, con sus extraordinarios y frágiles ecosistemas. Esas cactáceas, esos reptiles, esas aves, esos manglares que necesitan ser protegidos de los megadesarrollos, de la sobreextracción de agua, de las autoridades que decretan áreas protegidas y luego advierten que proteger un área no es motivo para no instalar alguna industria sucia en ella . en fin.
Bueno, parto por ahora, más tarde les platicaré más sobre este día. Por ahora me voy a llenarme de mar.
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