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16 Noviembre 2006

De guardia hasta La Paz

Por Steve Smith a bordo del Esperanza


© Greenpeace/Alex Hofford
Hola soy Steve Smith, de los Estados Unidos. Después de unas semanas aquí en el Esperanza, yo estoy haciendo la guardia por la noche, desde la medianoche hasta las cuatro de la mañana.

Es un poco tarde, o temprano, dependiente de cuál es tu preferencia. Aunque me encantan las fiestas de hipertarde, las evito, pues hay que estar en buena condición par la guardia. En la guardia, procuramos mantener la seguridad del barco y la tripulación, recorremos y vigilamos todas las partes del barco para detectar problemas.

Al terminar la guardia, puedo dormir como bebe en este barco. El movimiento del mar me hace sentir super cansado, y por eso puedo dormir unas horas después de la comida. La persona que hace la guardia antes que yo, Adam, el científico loco, me despierta tan suavemente a la medianoche menos cuarto, para que yo tenga el tiempo para llevarme los zapatos, y con muchísima rapidez beber un cafe. La cafeína para mi no es un ingrediente, ni una bebida, pero una necesidad para sobrevivir, especialmente cuando la luna es la única guía que tengo yo fuera del interior del Esperanza.

Mi compañera de guardia, Nadia, y yo, nos sentamos en el puente, donde todas las cosas padrísimas del barco se ubican. Checamos por si hay otros barcos que nos puedan atravesar. Cada hora, yo doy un paseo por todas las partes del barco: cocina, comedor, corredores, cuarto de ingenio, y todos los intestinos interesantes que tiene este buque ruso.

Hace tanto calor. Me pongo mis tenis, porque puede haber peligro en cualquier rincón. La verdad es que soy un gringo guarachudo, y me pongo triste durante cuatro horas al día que vivo sin mis guaraches. Son tan cool: manchados con pintura amarilla después de un domingo de mantenimiento de mi objeto más querido en el Esperanza: la cosa amarilla (the yellow thing).

En la guardia, nos aseguramos de que nada vaya mal- fuego, agua donde no debe haber agua, personas heridas, todo. Desde el puente, miro todas las cosas interesantes con fascinación: el timón, las cajas de electrónicos, todo. Estoy aprendiendo mucho sobre los buques y la navegación. Escuchamos música, hablamos de nuestras patrias- yo de la USA loquísima, y ella, Nadia, de Canadá.

A algunos les parece un horario horrible, pero es un tiempo superchido, porque las estrellas brillan como nunca antes las he visto, y la luna aparece casi a las 2 de la mañana. La luna sobre Baja es una maravilla. A las cuatro menos cuarto, tengo que despertar a MaryAnn, para que ella se prepare para su guardia, que va de las cuatro a las ocho de la mañana.

Saludos desde el Esperanza, Steve, el gringo guarachudo

   

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